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domingo, 30 de julio de 2023

Días en el desierto.

He estado en el desierto, no como el Sahara, como el semi desierto de Coahuila, por ejemplo. Tenía agua, estaba acompañado, no estaba perdido, no hacía el calor furioso del verano, era un simple paseo, las condiciones estaban a nuestro favor, todo bajo control. Pero, ¿he estado en el desierto de mi alma? Sí, he estado ahí. He salido, he vuelto a entrar. Volví y volví... ¡hoy estoy en el peor desierto de mi historia.! Separado, divorcio en proceso. Decepción, engaño, mentiras, soledad, amarga soledad. ¡Nunca me había sentido así! Por mucho es el peor desierto. 

¿Qué diferencias tiene este desierto a los anteriores? Mi actitud.

No es lo mismo entrar a un desierto donde sientes que te metieron y a uno donde conscientemente de metiste a sabiendas que, nada iba a volver a ser igual. ¿Entendía el día que me fui de mi casa lo difícil que sería este proceso? No, para nada. De hecho, muy adentro guardaba esperanzas de que fuera reparador, de que nos ubicara en un lugar de reflexión, de búsqueda de paz y de reconciliación, más no fue así: ¡se volvió en un torrente de situaciones desencadenantes de cada vez más tristeza, soledad, pensamientos desatados, sentimientos inexplicables y sentires de que todo se estaba derrumbando! Sí, se derrumbó el castillo de amor, se derrumbo el castillo de hogar, se desplomaron un montón de sueños, de anhelos. Sí, fue como una bomba atómica, con el respeto que se merece ese hecho real; pero la metáfora sirve para ejemplificar lo inesperado y lo despiadado de la solución para adelantar el final esperado: el divorcio.

OK. Es lo que es. Es un DESIERTO, con todas y cada una de las letras:

D de desolación.

E de esperada.

S de soledad, obvia pero recibida con diferente actitud.

I de inesperadas decisiones desencadenantes del drama del desamor y la desesperación.

E de esperanza, pero muerta.

R de recuperar lo perdido.

T de trabajo interior por sobre todo, de amor propio y de trabajo en Dios y con Dios.

O de oración, continúa, de búsqueda incesante, de preguntas sin respuestas instantáneas, de súplicas y ruegos.

Desierto. ¡Bendito desierto, bendita vida en el mismo! 

¿Qué sería estar en el desierto en sí? ¿Qué significa? Creo que hay muchos tipos de desiertos como de situaciones desoladoras. Han habido quienes han entrado huyendo como David, o quienes decidieron ir a vivir como Juan el Bautista; otros como Jesús con un propósito definido: ser probado para vencer. Otros como Elías entró como David huyendo pero iba dispuesto a morir, David por el contrario quería seguir viviendo. 

Sí, estoy en el desierto, sí, estoy en medio de la nada, de la soledad, del dolor; pero hoy no estoy solo, Dios está conmigo. Sí, estoy en el desierto, estoy en medio de un tormenta de arena, inclemente, incesante, no me deja ver el horizonte. Sí, es un momento a momento, es un día a día. Nada me traerá soluciones fáciles, ni sanidad instantánea: de hecho sanar, es muchas veces, raspar la herida, sacar las costras del resentimiento y de los malos recuerdos y las malas palabras, que parecen paliativos pero que no lo son. 

¿Qué es sanar? Es que las células muertas sean sustituidas por nuevas, es crear nueva carne, piel y nunca vuelve a ser la misma, no debería y es lo mejor que nos puede pasar: las cicatrices no son para presumir, son como un recordatorio. Sanar es ser consciente del proceso, del tiempo que lleva la herida y que muchas veces deberá ser limpiada para asegurarse de que no hay la infección del victimismo, del odio, de la ira; por lo tanto, sanar no es simple, ni sencilla mucho menos rápida: lleva un tiempo.

Sí, estoy en el desierto de la tristeza, pero no de la que es mala consejera, de la tristeza según Dios: una que me lleva a reflexionar, a reconocer, a entender que por más que me esfuerce nunca podré volver el tiempo atrás, pero se que algún día saldré de esa tormenta de la vida y seré más fuerte, más inteligente, más capaz de enfrentar la adversidad.


jueves, 16 de marzo de 2023

Solo yo y mi soledad


Estar solo, 
ser solo, sentirte solo
amarte solo
solo en tu soledad,
soledad de todo,
solamente solo de aquello que tú quieres no tener cerca,
lejos de lo que no te deja serlo.
No está mal estar solo y no es bueno siempre estarlo,
qué difícil equilibro es lo de la soledad,
aprender a estar solo sin estarlo, 
y estar solo pero rodeado de los que te aman.
Sigo aprendiendo, no estoy solo, pero me he sentido solo muchas veces,
muchas veces rodeado de personas que no quisiera y muchas veces con los míos, 
quizás la pregunta sería, ¿quiero estar solo con todos o quiero estar solo sin nadie?
Quiero estar solo con todo y con todos, pero aprender a estar solo conmigo,
aprender a ser solo yo y mis pensamientos y a no dejar abandonados a los míos.
Por no dejar a nadie solo, me he resignado a estar acompañado en soledad; 
cómo quisiera volver a mis días de soledad sin soledad,
a mis días donde era solo y desesperaba por tener a alguien,
darle una cachetada a ese yo, para que se diera cuenta de que lo que tenía era valiosísimo,
imprescindible... que no estaba realmente solo.
Hoy, me enfrento a la decisión de estar solo,
dándome cuenta de que tengo mucho que recordar,
mucho que vivir,
mucho que dar, 
ms hijos me necesitan solo y yo necesito mi soledad.
Soy yo solo contra el mundo y eso me aterraba,
soy yo solo contra muchos y muchos contra todo; hay más como yo de lo que pienso.
Me aterraba estar solo sin nada ni nadie, 
me sentía inútil, inservible solo, necesitado de otro, irremediablemente, imprescindiblemente,
inmediatamente nunca estar solo, egoístamente no estar solo,
siempre bajo la sombra de otro y el otro bajo mi sombra.
Imposible vivir así. Imposible dejar vivir así.
Yo solo y mi soledad, mis soledad y yo con mi mundo.
No estoy solo, solo estoy yo y mi conciencia de estar o de serlo,
me he sentido solo, pero creo que nunca me dejaron solo,
siempre alguien me pensó, alguien oró por mi, alguien me suspiraba, alguien me lloraba
alguien no me soltaba para estar solo yo y yo, increíblemente no soltaba la mano de quien no me necesitaba,
solo quería no estar solo con mi soledad para asumirme solo yo,
para enfrentarme a los demonios de mi soledad,
para tener el valor de valerme por mi mismo.
Solo yo y mi soledad, mi soledad y yo.
Quiero no abandonar a nadie, pero no me quiero abandonar a mi mismo. Por eso decido estar solo yo y mi soledad, para no abandonar a quienes me necesitan solo.